Ambos tipos de sensores tienen sus ventajas y desventajas.
El punto fuerte de las termorresistencias -mayormente
Pt100- se encuentra en el rango de temperatura inferior
hasta medio (-200 ... +600 °C). Los termopares, por
el contrario, tienen sus ventajas (con solo algunas
excepciones) en el rango de temperaturas (hasta 1700 °C).
Algunos termopares pueden registrar temperaturas aún más
elevadas (tungsteno-renio, oro-platino o platino-paladio).
Estos termopares, muy especiales, no se describen en el
presente documento.
Mientras que en Europa se utilizan preferentemente
sensores Pt100 para la medición de temperaturas bajas
y medias, en América del Norte se constata una mayor
preponderancia del uso de termopares. Sin embargo, no
es posible efectuar una división general de campos de
aplicación, dado que, por ejemplo, una refinería construida
en Europa es dotada con tecnología de medición de
temperatura apoyada en estándares norteamericanos, si la
planta ha sido proyectada en los EE.UU. Lo mismo vale por
supuesto en la dirección inversa.
Otro criterio para decidirse por un termopar es el diámetro
lo más reducido posible de un termopar con revestimiento
(véase el capítulo “Termopares con revestimiento”). Los
diámetros de 0,25 mm, 0,5 mm o 1 mm tienen tiempos de
respuesta asombrosamente reducidos.
¡En general, los termopares reaccionan más rápido que las
termorresistencias!
Si se monta el termómetro en una vaina, los tiempos de
respuesta de ambos grupos de sensores se aproximan.
La masa de la vaina, la disipación de calor y los tramos de
aislamiento entre medio y sensor relativizan aquí la ventaja
de velocidad del termopar. Si bien ésta puede aún medirse,
es frecuentemente irrelevante, dado que, por ejemplo,
en vainas de material sólido el margen de tiempo puede
moverse enteramente en un intervalo de minuto de dos
dígitos.